18 de marzo de 2010

Una tarde de Verano


El otro día pasó algo realmente extraño. Algo singular, difícil de creer.
Eran las cuatro de la tarde. Estábamos tomando el sol alrededor de la piscina, en calma total. No teníamos nada más que hacer que sentir cómo los rayos dorados nos tostaban la piel poco a poco.

Pero entonces, una nubecilla estúpida e impertinente vino a taparnos el sol. Como suele pasar, en unos segundos nuestros cuerpos estaban fríos y mustios. Bastante molestos increpamos a la nube: “¡Eh, tú, nubecita tonta! Quieres pelea, ¿no es eso? Si vas a fastidiar no seas cobarde, ¡baja si te atreves!”

Como si nos hubiera oído, empezó la nube a hincharse más y máaas… No, espera… ¡Estaba bajando! Descendía lentamente, como colgada de una polea. Vimos que en realidad no era tan grande, tenía el tamaño de un utilitario. Pero en cambio era blanca, fresca y esponjosa, como la lana de un borreguito.

Cuando estuvo a medio metro sobre la piscina, se dejó caer en bomba al agua, salpicando enormemente, y dejándonos a todos como una sopa, a la par que bastante sorprendidos. Ella quedó flotando tan tranquila, en medio de la piscina.

No recuerdo quién… pero uno de nosotros, al estar empapado, consideró que ya daba igual, y saltó sobre la nube.

Rebotó en ella, resbaló, y cayó al agua entre carcajadas.

Por supuesto, todos nos sumamos a este juego tan divertido. Buceamos por debajo, botábamos sobre ella, la arrastrábamos por la piscina. Ella se dejaba llevar a la deriva; ahora se hundía, luego emergía como un ballenato juguetón y nos salpicaba... Nuestras risas, los ruidos de los salpicones del agua y los gritos de los juegos llenaban el silencio de la calurosa tarde.

Pasó mucho rato, y, exhaustos, nos sentamos en el bordillo. Jugamos a pasarnos la nube como si fuese un barquito, y a hacerle cosquillas con los pies. La nubecilla se reía y nos tiraba bolitas de granizo…

Luego, el Sol empezó a esconderse tras el horizonte. La nube, que se dio cuenta, se quedó muy quieta un segundo. De pronto, salió del agua, y se sacudió como un perrito, salpicándonos de nuevo. Flotó unos instantes sobre nosotros, y gritó “¡Papá!” al sol. Acto seguido, echó a volar tras él. La vimos partir y perderse de vista entre sus hermanas.

3 comentarios:

Antonio dijo...

Sabes? Parece una de las historias de Big Fish XD

Photograma dijo...

pilar tu eres la que no tiene imaginación no?
un besazo hermosa

oceano dijo...

muy bonito :), me encantaria que una nubecilla blanca se sumergiera en mi piscina tambien...