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4 de diciembre de 2014

Como agua de diciembre

Yo querría ser agua, el agua con que acompañas tu vida.
La lluvia mansa que bese tus mejillas y anide en tus pestañas.
La corriente marina que te sostenga a flote, quiero ser la ola que te empuje hacia lo alto
Quiero ser el lago en que bucees,
El agua que refresque tu frente en llamas, el té hirviente que se deslice por tu garganta y te haga entrar en calor.
Querría ser el murmullo del arroyo que te adormece, la fuente termal que te abrigue, el géiser que te maraville.
Los copos helados que con la boca trates de cazar al vuelo, el aguanieve que en su lenta caída te mantenga hipnotizado por horas.
El sudor que emane de tus poros. El agua tibia que limpie cada parte de tu cuerpo.
El hielo que hagas crujir entre tus dientes y te fuerce a reír.
La niebla helada que se cuele hasta lo más profundo de tus huesos. Quiero ser la inmensidad del mar, ése mar azul con el que sueñas y al que siempre deseas volver.


Todo eso querría yo ser. Porque para mí tú ya lo eres, porque tú me sacias. Porque eres el agua con que acompaño mi vida.

6 de abril de 2013

Cinco ideas

1ª. 
Entre parpadeos vislumbro que el juego de luces y sombras es mucho más complejo de lo que parecía en un primer momento, y me pregunto de qué me ha servido el desgarrar, arrancar, echar al agua hirviendo jirones enteros de mi piel tierna y aún cálida, mezclar las sangres y ver cómo la  nube roja se diluye primero como té negro y después se evapora para dejar ese extraño sabor salado en el fondo de la garganta.

2ª. 
Lo más extraño de todo esto es que el dolor, que parecía inherente, no se ha manifestado aún; temo que ande durmiendo por algún rincón del caldero humeante, y que cuando despierte me golpee entre los ojos, y probablemente sea tan brutal que se me empañará la vista y mis pulmones se llenarán de fuego.

3ª. 
Tal vez, me digo, como ahora mismo todo me duele por fuera, no puedo notar lo de dentro, y es verdad que jamás antes se me habría ocurrido probar a escribir con dolor de cabeza, sintiendo la sangre bombear ambas sienes con la presión de martillos hidráulicos y ruido de tambores en el fondo de mis tímpanos, que parecen no tener bastante con The National bullendo en el medio de todo como una nube de pájaros de humo…

4ª. 
O quizá, se me ocurre en un arrebato de sensatez maternal, debería  dejar el tema por hoy y apagar la luz, la música, el ordenador y las velas, no necesariamente por ese orden, para hundirme en las mantas con un libro ligero hecho de helio, que se expanda en ambos hemisferios y a la vez me eleve hasta las fronteras del sueño.

5ª.
Porque al fin y al cabo sólo he escrito cuatro frases (cinco si contamos este epitafio), y saltan dos cosas a la vista: primero, que mis pensamientos no son algo que se solucione experimentando con la migraña, y segundo, que no es cómodo de leer ni gramaticalmente correcto hacer las frases tan largas.


(Yo-Kylä, Katariinan Hautausmaa, oct 2012)

2 de marzo de 2013

Nunca nieva igual que ayer

Saariselkä, feb.2013

¿Quién diría que es nieve? Pareciera que un lento banco de de pececillos blancos nadase entre las ramas de los árboles. No tienen rumbo fijo, y sin embargo no se estrellan contra los vidrios, ni colisionan entre ellos en ningún momento. Algunos suben como ceniza, y otros bajan en diagonal. Pasean impunemente ante mi nariz, bajan en vuelo rasante hasta dejarse caer en mis manos y se desvanecen en segundos. Caen como arena en el agua. Se dejan llevar perezosos en lentos remolinos congelados, se posan en el suelo a descansar, y de fondo surcan el aire violentos y en desorden, arrastrados con furia por el vendaval, pero de cerca los ves, y van y vienen y vienen y van, pausados, tan suaves.

Son diminutas y perfectas formas estrelladas en mi bufanda, son la rabiosa corriente que comba las copas de los pinos allá en el cementerio. Nadie los ve caer pues son tan blancos como el cielo, quizá nazcan del árbol gris deshojado que vive frente a mi ventana…

Algunos, exhaustos, comienzan a formar un pequeño horizonte blanco en el borde del cristal. Desde su atalaya contemplan a sus hermanos danzar. Sus vuelos acrobáticos. ¿De qué dirección sopla el viento? En días como hoy nadie podría decirlo. Cada vez bailan más rápido, cada vez se escuchan más pasos y risas por los pasillos, cada vez hay más nieve ahí abajo. Cada vez tengo menos ganas de seguir escribiendo…

Y cuando un proyectil blanco estalla en mi cristal lo dejo todo y corro a por el abrigo.

24 de enero de 2012

Verano del 36

Hoy, releyendo algo de Poeta en Nueva York, no he podido evitar pensar que es una suerte para mí no haber vivido en el mismo tiempo que Lorca.

Porque muy probablemente me habría enamorado de él, y habría terminado abriéndome la cabeza de un tiro en el lado opuesto del muro donde lo fusilaron.

20 de noviembre de 2011

Snowed under

Buscó a alguien con quien saborear la soledad, se refugiaron en caminos secundarios.

Vivieron escondidos, eternos amantes, fugitivos. No trataron de comprender al mundo, ni de ser comprendidos por él.

Bajo aguaceros y sobre cascadas.

Lucharon contra quimeras y convenciones,
saliendo de una pieza
y con lecciones nuevas aprendidas en la cabeza.

Se fueron del mundo sin avisar.
No dejaron testamento mas que algunos cuentos,
que los niños atentos escuchaban sin chistar.

Trazaron la suave huella de la felicidad, borrada prematuramente
por las nevadas tempranas...

De aquel invierno,
que comenzaba.

1 de julio de 2011

El concierto

          Temblarán las orillas si bailamos, extasiados. Amplificadores que estallan y manos que buscan más manos. La música nos inunda y nos ahoga, y nos arrastra a empellones hacia el filo de la locura. Amarrados por la espalda, no vemos más que nuestros propios pies, cayendo al vacío, mientras el estruendo hace bailar nuestras entrañas. Miramos al cielo y, despacio, como en un sueño, caen las gotas sobre nuestra cara. Una a una, se desmadejan en nuestras mejillas. Las sentimos tan llenas de agua y de vida.

         Nuestras horas se suceden, estaciones de tren que trastocan nuestro entendimiento y la percepción de la realidad. El mundo quedó lejos, desdibujado y diluido en las horas de sueño ausentes. Compartiendo el alma que nace en nuestros pies, abrazados, enlazados a cuerpos extraños, perfectos hermanos unidos por una canción. Y con prisas, sin pausas, alcanzamos el clímax y nuestras broncas voces brotan, arañando las gargantas. Nota a nota. Los acordes del bajo bombean nuestra sangre negra y espesa. Cerveza que fluye dulcemente por el suelo embarrado. Vibraciones de ultratumba que desmayan los sentidos. Sin nada que perder, luchamos por adentrarnos entre cuerpos bañados en sudor y alcohol. Empujones, mordiscos, contacto físico elevado a su máxima expresión. El concierto de los cuerpos se desarrolla aquí abajo. En lo alto, nuestros amados Dioses nos deleitan, nosotros los adoramos, y bailamos para ellos.

Y bailamos,

bailamos,

bailamos…



22 de mayo de 2011

Recuerdos ficticios (I)

¿Te acuerdas de que fuimos enemigos?

Aquella tarde en la guerra. Te partí en dos con el filo de mi almohada. Heridas de pluma, ¿se considera arma blanca? Sudor y gritos sofocados por las mantas. Una batalla encarnizada que ganaste con un beso.

10 de mayo de 2011

El gran salto

Desde lo alto de la colina miré a mi alrededor. Qué extraño. Hacía tan sólo un minuto que había cerrado los ojos. Me acordaba perfectamente del tacto de unas manos dejando reposar mi cabeza sobre la almohada, llamándome al descanso. Tuve conciencia absoluta de caer dormida, de traspasar los umbrales del sueño. Y, al abrir los ojos, me encontré de pronto en aquel lugar.

Tan sola. Tan vacío.

Extensiones de verdor infinito, mirase donde mirase. Mis pies eran ligeros. Tan ligeros que mi cuerpo se elevó, lleno de aire. Floté sobre la hierba y bajé la colina deslizándome como un susurro. La brisa tenía colores, me envolvía, mecía mi pelo y acariciaba las puntas de mis dedos. Las comisuras de mis labios se elevaron poco a poco, junto con mis manos. Mis pies descalzos rozaban el trigo de los campos, y algunas golondrinas se aproximaron curiosas en vuelo rasante. Seguí avanzando sobre el suelo, flotando al igual que una hoja río abajo. Cada vez más rápido. Para ganar velocidad, me coloqué horizontalmente. Y funcionó. Probé a surcar la brisa a nado, con brazadas largas. Cada vez era más ligera, más aerodinámica. Las golondrinas no podían alcanzarme. Notaba el aire pasar a toda velocidad a mi lado. Quise setirme libre,  vivir del viento, quise soñar dentro de un sueño, quise notar la velocidad en mis entrañas. Quise vivir esa ficción cada momento de mi vida. Para ello cerré los ojos, y acto seguido desperté en mi cama.


Se acabó. Mis huesos pesados y torpes, mi inerte cabeza hundida en la almohada. Y era tan real, tan terrible y tan cierto como que estaba despierta. Estaba oscuro, pero mis retinas seguían cargadas de luz. No tenía sueño. No quería aquello. Sólo quería seguir volando.

Así que con prisas, urgentemente, abrí la ventana y volé…

Por fin. De nuevo la velocidad. Y nadé, nadé en el aire como hiciera antes. Atrevida, osada, probé a cerrar los ojos de nuevo.

Y afortunadamente, esta vez no desperté.

10 de abril de 2011

¿Un buen día?

Me he despertado casi a las diez

Y he dado vueltas y vueltas
Hasta que las sábanas se han caido al suelo
Me ha costado incorporarme

Desayunando, leí una revista
Me llené la mente de banalidades
Las escupí con la pasta de dientes
Pensé en ti por un momento

Deseché mis pensamientos
Con las púas del peine recorriendo mi pelo
Pisando fuerte
Cayeron al suelo

Pero, por si acaso
Los he guardado en un bolsillo
Corrí por el pasillo
Derrapé en las esquinas

Me aburrí un minuto y pensé “nunca más”
He hojeado la estantería
¿Ensayo? ¿Poesía?
No estoy de humor

Quién habrá inventado los domingos…

12 de enero de 2011

Las ideas caminan de la mano



voy a consumir el tiempo que Queda entre hoy y mañana

Quedaré con alguien a quien no haya Visto en horas

Veré amanecer desde todos los Lugares del mundo

viajaré al Lugar en el que las Estrellas se engarzan en la vía láctea

me Estrellaré contra todas las barreras Ideológicas

Idearé el método para Arrancar unas lágrimas a un cactus

Arancaré la línea que separa el día de la noche, y me Ataré con ella el pelo

encontraré en los desvanes fajos de cartas antiguas Atadas con Lazos de raso

Enlazaré sílabas para que mis versos Entren en cintura

Entraré en callejones oscuros, y Saldré por donde vine

alcanzaré la Salida a la caverna, llegaré al mundo real Inundado de luz

Inundaré con nuestra sangre todos los rincones de esta Habitación

Habitaré en una Tela de araña durante el frío invierno

romperé el Telar de penélope, y escribiré a ulises para que vuelva a casa a Buscarla

Buscaré entre la Uña y la carne a los verdaderos amigos

lucharé con Uñas y dientes por un espacio en tus Pensamientos

Pensaré que todo esto ha sido un Sueño

Soñaré que Creíste verme entre los cortinajes de la aurora boreal

Creeré en el poder de la música para amansar a las Fieras

me adentraré en tu Fiereza y encontraré tu corazón Tierno

abrazaré con Ternura al bebé más Pequeño y desvalido

Empequeñeceré hasta que de mí no quede más que una Frase

“ésta Frase diminuta”

22 de agosto de 2010

Cuando diga ya

Cuando diga ya: abrirás los ojos y las montañas de agua se habrán evaporado, el humo de los volcanes se congelará, los icebergs a proa serán puro mar, todo se derrumbará y sucumbirá a nuestros pies.
Cuando diga ya... Cuando diga ya todo cambiará a tu alrededor, sólo quedaremos tú y yo, solos tú y yo, en suspenso, ¿vivos?, ¿muertos?, es igual.
Cuando digas "ya", diré ya.

17 de abril de 2010

Nota a Bécqer:

Hoy han vuelto las golondrinas.


Y han cambiado el color del cielo. Las Tardes Grises son ahora añiles.

Y tus viejos versos de alas negras sobrevuelan la ciudad. Comprueban que todo está en orden, navegan entre las frías nubes. Son los heraldos del cambio.

“Ya falta poco”, parecen decir, “traemos buenas nuevas del sol…”

10 de marzo de 2010

Alguien dijo una vez:

Ideario:
No esperes a las ideas brillantes. Deja que te sorprendan dulcemente, o de forma estrepitosa e inesperada. No pretendas lograr algo espléndido con una mente seca. La paciencia da siempre sus frutos. Madura tus ideas, mímalas, dales forma en la mente. Sólo entonces estarán listas para salir del cascarón, y deslumbrar al mundo.

6 de enero de 2010

No sabe a dónde va (el tren)


Ha cogido el primer tren de la mañana. Hoy deja la Gran Ciudad. Su dedo traza la silueta del horizonte en el cristal de la ventanilla. Fábricas, humo, prados, montes. El Pasado. Todo queda atrás.

Lleva poco equipaje. Algo de abrigo, dinero, consejos, expectativas. Lo justo y necesario para empezar de nuevo.

Aún no sabe a dónde va. Sólo sabe que no quiere olvidar de dónde viene, porque es todo lo que le queda. Pero no va a mirar atrás.

La última estación está a punto de aparecer tras la curva. Ya es noche cerrada.

Coge su maleta y sale hacia la incierta noche. No sabe a dónde va.

10 de septiembre de 2009

Bailando en el Soho

"Un día, una niña se perdió en Londres. Estaba muy asustada, pues no conocía a nadie y no entendía el inglés.

Andando y andando llegó a un lugar mágico, el barrio del Soho, donde un bailarín callejero apostado a la puerta de un pub le ayudó a llegar con sus padres. Para hacerle el camino más corto, la llevó bailando por las calles londinenses, mientras le contaba historias.

Ahora ella recuerda esos cuentos en un idioma extraño; incomprensibles, pero tan cercanos que se los aprendió de memoria. Aún hoy cree escuchar por las noches esa voz extranjera, al compás de los pasos de baile que dieron juntos por el Soho"