9 de marzo de 2011

Hoy me apetece tomar el sol


Ponemos el primer pie sobre la arena de la playa bajo el sol abrasador. Está tan caliente que nos quema hasta los gemelos. Pero las chanclas son demasiado incómodas, así que nos las quitamos y decidimos correr para no carbonizarnos los pies. Una vez llegados a la arena más oscura de la orilla, húmeda y fresca, nuestros pies se enfrían rápidamente. Ahora hace demasiado frío, así que caminamos un poco cuesta arriba, donde la arena se empieza a secar y a calentarse. Éste es un buen sitio, quedémonos aquí.

Extendemos la toalla. Pero un golpe de viento, ¡vaya!, la dobla. Con hastío la rodeamos, y colocamos los picos. Una chancla en cada punta. La mochila en la tercera. La cuarta retenida por la crema. Así no debería volarse. Nos sentamos en un extremo, nos sacudimos las manos y nos quitamos la camiseta (nos retocamos el pelo. ¡Qué calor! Mejor una coleta). Nos sacamos los pantalones haciendo el puente sobre la toalla, es algo incómodo. Lo dejamos todo de cualquier manera sobre la mochila. Un poco de crema fresquita, la justa para no parecer gambas después. Por la cara, por los hombros. Y ésta pizca que sobra a las plantas de los pies, que siempre se me olvidan. Ahora estamos pegajosos, y tenemos más calor. Pero, ¿cómo se ha podido llenar la toalla de arena otra vez? Bueno, ya da igual.

Dejamos caer la espalda sobre la toalla. Está muy caliente. Nos colocamos el bañador, que no se tuerza.

Cerramos los ojos. Todo es naranja. Movemos las pupilas bajo nuestros párpados. Abajo, negro; a los lados rojo, y  naranja brillante otra vez. Demasiada luz... Con los ojos cerrados tanteamos hacia la mochila. Mala puntería: arena, palpamos una conchita... ¿pero dónde está? Entreabrimos los ojos y, tras encontrarla ridículamente cerca de nuestra cabeza, buscamos en ella hasta hallar unas gafas de sol, o una camiseta que nos ponemos sobre nuestra frente empapada en sudor. Mucho mejor así. Ahora ya podemos tostarnos tranquilos.

Cerramos los ojos otra vez, y pasan diez segundos. Es entonces cuando nuestro cuerpo parece entrar en trance. Notamos una ola de calor que sube desde nuestros pies, por los muslos, la barriga, el pecho, a la cara. Y vuelve a bajar. La temperatura nos inunda, nuestros pulmones se llenan de aire a medida que el calor sube por el torso. Se vacían, y nos quedamos fríos, pero en seguida el sol vuelve a subir. La sensación de calor es más fuerte en las mejillas, los hombros, las rodillas y el dorso de los pies. Nos quema. ¿Un poco más de crema? Qué pereza nos da movernos otra vez. Así que nos concentramos en nuestra espalda a salvo del sol, y mantenemos la sensación de frescor en la mente.

A los pocos minutos el sol nos abrasa. Nuestros poros se dilatan, los pigmentos explotan dentro de ellos, cuerpo y alma se abren al cielo como los girasoles. Cada ratito, una corriente de brisa suave nos refresca el ánimo para seguir disfrutando.

Llega un punto en el que cada centímetro de nuestra piel desprende calor, como si una hoguera ardiese dentro de nosotros. Giramos la cabeza y entreabrimos el ojo más cercano a la arena. Todo se ve en tonos azulados, es algo surrealista. Una gota de sudor resbala desde nuestra sien. Nos estamos chamuscando. Es el momento de darse la vuelta.

Nos frotamos los ojos con los dos dedos que aún no están llenos de arena. Apoyamos un codo, la cadera, la rodillas y, con esfuerzo… giramos y nos dejamos caer. Esto es muy incómodo, ¿qué hace este brazo aquí? Vamos a colocarnos. Dejamos caer nuestros brazos a ambos lados del tronco. ¿Y si subimos las manos a la altura de la cabeza? O usar el antebrazo de almohada... No, mejor como al principio. Brazos desmayados a los lados. Eso es.

La cabeza mirando a este lado. Excavamos un huequito en la arena con las manos, bajo la toalla. Mm, no; la giramos al otro lado. Así, sí. Cerramos los ojos. Colocamos por última vez la arena bajo la cabeza, y volvemos a dejar los brazos donde estaban. Notamos el calor en las yemas de los dedos. Respiramos hondo. Cuesta un poco porque estamos boca abajo, pero ya soltamos el aire... Y nos invade una nueva ola de calor.

Pero pasa muy poco tiempo hasta que los gemelos empiezan a ardernos. ¡Qué calor! Y pensamos: "Espero un minuto más, y me giro".

Ahora nos arden los hombros ("dentro de un minuto me levanto y me refresco un poco").

Ahora queman los muslos. Un minuto más y al agua.

Cinco minutos más tarde, antes de entrar en combustión, nos levantamos de golpe y corremos a la orilla.

La carrera nos refresca y ahora nos sentimos mucho mejor. ¿Qué hacemos? ¿Entramos o no al agua? Nos llevamos las manos a la cabeza, nuestro pelo está muy caliente. Y las mejillas, y los hombros también. Estamos sudando como un pollo. Será mejor bañarnos. Entremos sin pensar y de una carrera…

A la de tres:

Una,

dos,

¡y tres!

7 comentarios:

Antonio dijo...

Un poco más y me llega el olor del chiringuito y el bullicio del unos chavales haciendo surf ^^
¡Artista! (a deshoras, pero artista al fin y a cabo) jajajaja

MariCari♥♥♥♥♥ dijo...

Al rico helado de piña, para el niño y la niña!!!!!

Deme dos, uno para mi amiga Pilar y otro para mí... que me está abrasando el sol... ¡Qué calor, qué calor!

Pilaaarrrrr.... ¡Ven a por el helado que se calienta, hijaaaaaa!!!1
Bss... y gracias por un día en la playa... puafff! un grano de arena en la boca... ¡Este vientecillo traicionero!!

Raquel dijo...

La cervecita, la coca cola... a la rica patata... er suny!

Hunter Chic by Marta dijo...

Menudo descubrimiento tu blog!! Además somos paisanas!!
Ya tienes 1 seguidora más.
te dejo el mío y si te gusta pues...hazte seguidora también, te espero!!
www.hunterchic.es

Leprechaun dijo...

Tenía un poco de frío, pero me ha imbuido el calor de la playa y se me ha pasado. He revivido el horror de la playa por un momento, la crema pegajosa, que claro esta no me puedo echar poca y aun así me quemo... despues, encima no puedo ponerme en el sol con crema porque me quemo igual...que agonía. Prefiero el fresco y verde cespe artificial de la piscina..!!
El relato buenísimo, como todos...!!Eres una artista..

Airam González dijo...

Muy divertida esta última historia, mucho más para mi con lo que hecho de menos mi isla y sus playas...

Hacía tiempo que no te visitaba y me han agradado tus últimas entradas, gracias y no lo dejes!

Un saludo, Airam.
www.photococktail.blogspot.com

Hunter Chic by Marta dijo...

que bonita entrada!!
Estoy de sorteo en mi blog, pásate!!
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