17 de junio de 2010

Libertad


Hace media hora el mundo se ha parado. Hasta mañana por la mañana no volverá a trazar sus órbitas alrededor del sol. Todo es silencio, un silencio extraño y tenso; un silencio en el que miles de mentes interconectadas configuran una única pregunta: ¿y ahora, qué?

Llegados a la cima de esta montaña rusa, contemplamos lo pequeño que se ve todo. La noria a lo lejos, luces de colores vibrantes, personas como hormigas inmóviles allá abajo, y estamos tan altos que ni el sonido nos alcanza, todo es irreal.
Con la mirada trazamos lentamente la bajada cuasi vertical que nos espera. No sabemos qué pasará cuando la tierra vuelva a girar y avancemos un eslabón más en el carril. Estamos nerviosos.

Dirigimos otra vez la vista abajo, a la empinadísima pendiente, y sentimos cómo nuestro estómago se llena de mariposas. Es el vértigo, vértigo en el estómago… perfecto para una caída vertiginosa.

De pronto… ¡nos movemos! Lentamente avanzamos hacia el filo de la atracción de feria. Cinco centímetros nos separan de la caída al vacío. Nos miramos unos a otros, nerviosos, radiantes, llenos de vida. Cuatro centímetros. Nos empinamos un poco y miramos al abismo. Empezamos a saborear la velocidad que vamos a alcanzar. Tres centímetros.

Hacemos planes para la bajada. ¿Agarrarse fuerte? ¿Dejarse llevar?

Dos centímetros.

Prácticamente estamos verticales, no nos hace falta incorporarnos para ver el suelo… allá a lo lejos, muy lejos, tan lejos...

Un centímetro.

Sensación de ingravidez, y…

¡GRITAMOS!


Abrumadora sensación de libertad, vertiginoso descenso, sentir que ahora sólo tenemos la obligación de divertirnos, la justa recompensa a una subida tan dura…




Os deseo un feliz descenso este verano :)

11 de junio de 2010

Tarde de Estudio (parte I)

Lo siento.

De verdad. De verdad de la buena. No escribo porque ahora estoy estudiando. Tengo saturación mental y con tanta química, filosofía y economía, mis ideas son artificiales y precocinadas. Es muy fácil hacerlo fácil, hacerlo sensacionalista.

Lo único que se me ocurre por el momento es hablar sobre lo que me pasó ayer mientras estudiaba economía. Resulta ser que a lo largo de la historia se han hecho diversas teorías acerca del funcionamiento de la empresa, y que tengo que aprendérmelas todas. En esas apasionantes lides estaba yo inmersa cuando algo en el libro de texto llamó mi atención.

Probablemente sepáis de qué hablo. Es uno de esos pequeños cuadros malditos, en el margen de las páginas de los libros. Hay por ahí una Ley de Murphy sobre ellos, que viene a decir que “cuando te dicen que te los aprendas, se te olvidará estudiarlos; si no entran, los leerás por encima y será lo que mejor te sepas de todo”.

Pues bien, el cuadrito en cuestión no tenía señal alguna, ni de “entra” ni de “no entra” (como inciso, recalco que yo siempre los tacho si no entran, me da así como gustito). No recordaba para nada haber visto el cuadrito cuando me tocó estudiar el tema 3. Obviamente, lo leí:

La teoría Económica de Carvech Fhörmn:
Poco o nada se sabe acerca de éste pensador medieval anglosajón. Su obra se perdió, por ser clasificada como libros prohibidos en el siglo VII. La historia cuenta que su política económica salvó imperios de la ruina, y los hizo prosperar. Numerosos investigadores y economistas tratan aún hoy de hallar algún vestigio de su obra, sobre la cual, dicen, se asientan las bases del progreso económico global. Por ser un “economista” tan temprano, y por la poca información disponible de él, C. Fhörmn no se estudia en los temarios de economía.


Vaya...

Después de leer eso, obviamente, poco o nada pude concentrarme ayer por la tarde. Visto lo cual, decidí que sería mucho más interesante investigar un poco sobre ese señor. Ni que decir tiene que no había nada en internet...

(continuará)

7 de mayo de 2010

Reflexiones en escritura semiautomática


Cuando tu mente sea libre de ataduras, cuando seas capaz de reaccionar y descubrir lo que ocultan las palabras sin rumbo, sólo entonces tendremos los dos unos minutos de demencia para con nosotros.

Porque sólo cuando las sirenas vuelan sobre el sol somos capaces de advertir la soberana estupidez que encierran los poemas de amor.

Porque una sonrisa escarchada congela el alma a los peces, y porque una mirada certera atraviesa corazas.

Porque no sentir es no querer recordar, y no recordar es renegar del pasado, y el pasado es lo último que nos queda cuando todo está a punto de terminar.

Porque a vista de pájaro todos somos igualmente humanos, y lo humano es olvidar todo lo malo, y lo malo es el mejor tatuaje, o el más fácil de quitar, según queramos.

Porque no siempre es buena idea ser pasional, y menos aún ser racional, y menos aún intentar ser lo que no eres.

Porque con cada persona que conocemos desplegamos un abanico de posibles catástrofes, pasiones, recuerdos; pero sencillamente nos guiaremos por los instintos, y el instinto más básico nos va a decir “ama, huye, besa, muerde”, y así nos van las cosas.

Porque dejar fluir los pensamientos no es signo de demencia, y creer que esto es demente es signo de que no deberías estar leyéndolo.

Porque así serán las cosas, pero a mí que me las cuenten bien. Porque el mejor juicio será el mío, y porque el paraíso inalcanzable en este mundo es y será siempre la objetividad.

Porque por eso prefiero aprender viviendo antes que informándome.

Porque sólo cuando tu mente sea libre de ataduras, cuando seas capaz de reaccionar y descubrir lo que ocultan las palabras sin rumbo… Sólo entonces te dejaré venir conmigo a aquel lugar donde las realidades se hacen sueño.

17 de abril de 2010

Nota a Bécqer:

Hoy han vuelto las golondrinas.


Y han cambiado el color del cielo. Las Tardes Grises son ahora añiles.

Y tus viejos versos de alas negras sobrevuelan la ciudad. Comprueban que todo está en orden, navegan entre las frías nubes. Son los heraldos del cambio.

“Ya falta poco”, parecen decir, “traemos buenas nuevas del sol…”

8 de abril de 2010

Habría que pensar en esto

La televisión es el instrumento de control de masas por excelencia. Ahora piensas: “Uuf, anda que no habré leído yo veces esta frase…”

Pues atento: de cada diez personas que lean esto, sólo una se habrá parado alguna vez a meditarlo detenidamente. Piénsalo: un instrumento de control. Es perfecta para llevar a los borregos a un mismo redil, sin ovejas desbocadas que piensen más de lo necesario. Publicidad, sensacionalismo; son las dos claves del control. Modas, éxito, felicidad: lo que más nos toca. Nos tienen atados.

En televisión, casi (y digo casi) todo lleva a una sola cosa: no pensar. Apaga la tele un minuto, detente en la frase que abre este artículo, piensa en ella. Quizá tengas suerte, y seas una de esas personas que prefieren un buen libro a una hora de Caja Tonta (¡qué gran nombre!).

Me resulta incomprensible cómo alguien puede pasarse horas y horas frente a esa pantalla, tragándolo todo sin moderación, sin pensar si esta noticia es relevante, o en qué valores se está educando a mi sociedad, o si voy a sacar algo bueno de ver este programa… Sería en verdad genial que la gente tuviese inquietudes, ideas propias, afición por la lectura, gusto de aprender por aprender… Disculpad, ya vuelvo a soñar despierta... me voy a ver Gran Hermano, a ver si se me pasa.