20 de noviembre de 2011

Snowed under

Buscó a alguien con quien saborear la soledad, se refugiaron en caminos secundarios.

Vivieron escondidos, eternos amantes, fugitivos. No trataron de comprender al mundo, ni de ser comprendidos por él.

Bajo aguaceros y sobre cascadas.

Lucharon contra quimeras y convenciones,
saliendo de una pieza
y con lecciones nuevas aprendidas en la cabeza.

Se fueron del mundo sin avisar.
No dejaron testamento mas que algunos cuentos,
que los niños atentos escuchaban sin chistar.

Trazaron la suave huella de la felicidad, borrada prematuramente
por las nevadas tempranas...

De aquel invierno,
que comenzaba.

5 de noviembre de 2011

Como agua de octubre

25/10/2011
Hoy llueve.

Como quien acaba de conocer el mar, yo tengo la sensación de ver la lluvia por primera vez. La ciudad está tan fría. Y el cielo, oxidado. Del color del azufre. Es extraño, porque en lugar del sol, un disco difuminado se intuye sobre el río. De un naranja brillante, como un foco solitario tras una cortina de humo. El silencio del espectador domina en las calles. Ni un susurro, ni un eco, ni una voz. Ni el murmullo del agua es audible más allá de mi cabeza.

Gota tras gota, sin pausa, nunca deja de caer agua. La tenue llovizna va calando poco a poco el parque. Los ocres caminos, majestuosos en su quietud. Transitados de palomas blancas indiferentes al frío. A este frío que parte el alma en dos y desgaja el ánimo.

Las tardes grises son ahora amarillas, como hojas marchitas a punto de estrellarse contra el asfalto. Es un cambio. Pareciera que las nubes me quisiesen decir algo.

28 de octubre de 2011

Manifiesto semántico

- Reniego de los eufemismos como medio de comunicación.

- Una cosa es adornar el lenguaje y otra bien distinta es disfrazar un mensaje.

- Los adjetivos son el arma más peligrosa jamás inventada.

Intentaré a partir de ahora hablar y escribir exactamente aquello que quiero decir, sin falsos significados ni cambios de sentido. Porque cuando despojas a las palabras de sus vestimentas y las ves ante ti, puras y desnudas, significado y esencia; las comprendes, las sientes y las bebes quieras o no, sean veneno o néctar del paraíso.

De ahora en adelante trataré de escanciar mis pensamientos en vasos de cristal. Que todos vean lo que quiero mostrar, lo auténtico. Que no tengan que filtrar el agua turbia.

Con ello espero esforzarme más aún en mi meta de extraer algo bello de las palabras; de éste lenguaje que por fortuna poseo gracias a mi condición humana. Porque lo difícil no estriba en hacer un hermoso retrato a un traje, sino al cuerpo desnudo que lo porta.

12 de septiembre de 2011

Planes para el abordaje

Cierro los ojos y me veo a mí misma: una figura estática que mira abrumada e indecisa  a su alrededor, sin saber por dónde empezar a ordenar la mente desvencijada. Ahora que la calma llega, ahora que el polvo vuelve a posarse en el lecho del río. Todo gira cada vez más despacio. El tiovivo interrumpe finalmente su ruta infernal. Y en el vacío que me dejaste vuelve a reinar poco a poco una reencontrada sensatez.

Respira…
calma…
respira…
tranquila…
calma…

Tus palabras producen en mí el efecto de un rayo fulminante. Cambian mis planes, el sabor de las cosas, mis principios.

Todas tus palabras, salidas todas de esa bendita cabeza tuya, que por mucho tiempo descanse sobre tus hombros y me siga descomponiendo la mente.

Tus palabras aporrean cada pared de esta habitación. Me escoltaste hasta la puerta y me encerraste en cuanto hube traspasado el umbral. Y cada cosa que me digas me atravesará, y sangraré la angustia de no verte, de no tocarte.

Y sufriré si me dices que sufres, y más aún si omites que gozas. Si me cuentas que me extrañas. Si recuerdo tu cara, prendida en cada frase que te oigo, en cada carta tuya que leo.

Y tus dientes, malditos sean tus dientes, escuderos de tu queda risa, que me vuelco por dentro cada vez que asoman de tu boca.

Cada vez que me hablas alguien nos interrumpe. Cada vez que me miras siento que me conoces.

Tus frías manos de pianista templan mis ánimos, asidas a mis hombros incandescentes, y me guían y me siguen entre ríos de almas que desconocen la turbación de sentirte tan cerca.

Es cuestión de tiempo que mi valentía viaje de mi pluma a mi boca. Hasta entonces no oirás de mí más que lo que ya te digo. Vivirás en paralelo a mí: siempre a la vista, siempre inalcanzable.


Un barco insignificante pretende abordar a uno mucho más grande. Para ello, aguarda al mar; a que las olas le sean propicias.

31 de agosto de 2011

Empapados

Cientos de personas concentradas en un punto, dedicadas a pensar las mismas cosas, a llevar la misma ropa, a escuchar siempre lo mismo, sin variar. Sin cambios, sin desviaciones. Sin estridencias. Sin reírse ni llorar. Como si fuesen olas, tus dedos me llevan a lo más profundo del océano. La sal de tu ser me corroe y penetra mi piel. Como las olas, tus venas transportan recuerdos ficticios vividos… ¿ayer? Y yacen, aquellas horas yacen en el fondo de vasijas de barro que la lluvia no tardó en llenar. La lluvia. Mojado el asfalto, mojada mi mente, parada en la calle pienso qué bello sería dejarme arrastrar. Hundirme, subir bajar. Imaginarlo todo. Y vagar, vagar. El agua caliente no cesa de caer, los tejados no lo notan, pero no así mis hombros, hundidos del peso de acercarme y no atreverme, de poder y no querer.

Personas. Cientos, miles, ¡o millones! de personas. Encerradas en el aire, olvidándose de amar. Concentradas en vivir, ajenas a tantas cosas que ignoran que pueden ver con sólo cerrar los ojos. Y mientras tanto, no sufras, me dicen, no sufras, pronto se te pasará. Les pregunto, ¿pasarme? El tren ya pasó, así como el mar. Las olas se fueron y, sinceramente, no van a volver. ¿Pasarme la vida? ¿Empalada en lluvia? No veo por qué.

Salir del camino, marcharme, girarme. Y gritar ¡cobarde! al que quiera mirarme. Eso es lo que quiero, huir adelante. Separar mitades, escindir destinos. Pensar que no cuesta y hacerlo sin más. Escapar de los cinceles, refugiarme entre tus huesos. Comprender por qué luchamos. Beberme tu alma a besos. Y volver, y volver y tratar de convencer a todos de que quizá no sea mejor, pero es nuevo y es distinto, y que nunca es imposible tocar más fondo que ayer.


El problema siempre ha sido que hoy día la gente no piensa en correr.